miércoles, 19 de enero de 2011

Narcoviolencia en México

México: Narcoviolencia. Ocho tesis y muchas preguntas
Paco Ignacio Taibo II ·
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Hace más de tres años el hombre que dirige desde Los Pinos los destinos de esta nación declaró una guerra contra los cárteles mexicanos de la droga. Al paso del tiempo los mexicanos habíamos aportado a esta guerra más de 31 mil muertos, según cifras oficiales, un número incontable de heridos, varias de las grandes ciudades del país (Ciudad Juárez, Chihuahua, Monterrey, Tampico, Morelia, Culiacán, Mazatlán) viviendo bajo el miedo y en virtual estado de sitio, regiones abandonadas por sus habitantes, zonas rurales que son tierra de nadie, carreteras federales intransitables, 17 estados de la República en crisis profunda de inseguridad, más de un millar de quejas ante las comisiones de derechos humanos (y esas son las que se hacen públicas, porque el miedo impide que se conozca más allá de la punta del iceberg) por violaciones, secuestros, chantajes, cateos ilegales, robos y todo tipo de abusos producidos por las fuerzas policíacas, el Ejército y en menor medida por la Marina, barrios urbanos y zonas industriales en los que no entran inspectores de Hacienda o de salubridad, porque el narco es el Estado.
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? ¿Cómo puede detenerse esta inercia antes de que México se desvanezca en medio del miedo y el terror en un holocausto repleto de cabezas cortadas, tiroteos donde los ciudadanos inocentes son bajas colaterales, policías que entran a la casa rompiendo la puerta y se roban el queso que hay sobre la mesa, cárceles donde impera la mafia y se tortura sistemáticamente, declaraciones oficiales de avances y éxitos que ya ni los niños de la gran burguesía urbana se creen, fábricas y talleres que cierran, madres asesinadas por protestar por el asesinato de sus hijas?
Primera. Calderón pactó el inicio de esta guerra con el presidente Bush, ni siquiera con el entonces recién llegado Obama. Y la pactó en términos de ofrecerla en bandeja. Y la pactó en condiciones absurdas. La guerra contra el narco no era, no debería ser, una guerra mexicana, porque era, es en esencia, una guerra estadounidense, generada por el mayor consumo de droga a escala planetaria, el que se producía dentro del territorio de Estados Unidos. Así, la propuesta mexicana no debió haber pasado de una oferta de apoyo a una guerra que debería librarse en territorio gringo, combatiendo las redes de distribución, las estructuras financieras, controlando la frontera. En su territorio, no en el nuestro. Pero no fue así. En tres años no ha habido más de media docena de operaciones importantes de aquel lado de la frontera, mientras que de éste se ha desatado la más sangrienta de las confrontaciones que hemos tenido los mexicanos desde la guerra cristera.
Imágenes. Logro descubrir leyendo todos los periódicos locales de Acapulco los supuestos, los previos oficios, de los 15 hombres aparecidos sin cabeza: son dos adolescentes, un lavacoches, un chofer de recogida de basura, un mecánico, dos desempleados, un policía municipal, tres albañiles; las infanterías del cártel de Acapulco masacradas por el grupo del Chapo Guzmán (según dicen cartulinas encontradas a su vera) por el control de la plaza.
Segunda. Al gobierno de Calderón le tomó un año pedir a los estadounidenses el control del tráfico de armas, y desde que lo pidió no ha obtenido resultados. Según cifras oficiales, cerca de 50 mil armas largas (ojo con esto de las cifras oficiales: ¿quién las contó?), municiones, lanzacohetes, ametralladoras pesadas, han entrado a México para proporcionar a las mafias un poder de fuego muy superior al de las fuerzas armadas. Hoy cualquier achichincle de un narco puede seguir comprando municiones para un cuerno de chivo en una tlapalería en Houston. Las balas que matan a mexicanos se venden alegremente en Estados Unidos.
Tercera. Antes de iniciar una guerra, y no hay que leer a Sun Tzu o a Federico Engels para saberlo, el Estado debería contar con una labor de inteligencia sólida. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuáles son sus nexos? ¿Cómo es su estructura financiera? Mil y un preguntas que necesitaban respuestas. Hoy sabemos que al momento de iniciarse la guerra de Calderón contra el narco toda, o buena parte de la estructura de inteligencia del Estado mexicano estaba en manos de facciones del propio narco, que utilizando a jefes policíacos del más alto nivel dirigieron las operaciones contra bandas rivales, agitando un avispero de venganzas que parece no tener fin. ¿Qué tanto de su aparato policíaco trabajaba para el enemigo? Directores de la policía, de las agencias contra el crimen organizado, la SIEDO, comandantes de la AFI, subprocuradores… A la fecha, el Estado mexicano aún no lo sabe o no quiere saberlo. A la fecha, la inteligencia estatal está filtrada, distorsionada, fragmentada; resulta (sobre todo de la lectura de sus comunicados) absolutamente incoherente.
Cuarta. El sistema judicial está podrido. Lleva muchos, muchos años estándolo. Agentes del Ministerio Público descalificados, jueces corruptos, ineficiencia absoluta cuando no complicidad declarada con el crimen. Con una estructura como esa no se podía ir a la guerra. ¿Cuántos delincuentes han sido dejados libres en estos pasados tres años? ¿Cuántos han recibido condenas intrascendentes respecto de la magnitud de sus crímenes? Pepe Reveles narraba el otro día en una mesa redonda que los que le entregaban los cadáveres al Pozolero (y hablamos de más de un centenar de muertos) pronto saldrán en libertad, porque el Ministerio Público sólo pudo acusarlos de tenencia de armas y posesión de drogas a causa de una investigación mal integrada. Reina un caos maligno, como habitualmente reinaba en la justicia mexicana, paraíso del accidente y la casualidad. Vivimos en un territorio de rezago de indagaciones, expedientes confusos, sin investigación científica, ausencia de un banco nacional de huellas digitales, inexistencia de un concentrado de la información de todas las agencias policíacas del país ¿Cuántas veces hemos leído en la prensa que el detenido había estado en la cárcel recientemente? ¿Quién lo soltó?
Quinta. En la cárcel de Torreón la directora torturaba a los presos. En otra cárcel las bandas tenían permiso para salir de noche para ejecutar rivales, en otras 10 prisiones se han producido fugas masivas. Hay denuncias sobre el control y los privilegios que las mafias tienen sobre todas las prisiones, incluso las de alta seguridad. Han sido despedidos más de una docena de directores de cárceles en los meses recientes. ¿Ha cambiado la situación interna? Sin la previa depuración del sistema carcelario, no se podía ir a la guerra.
Imágenes. La más aterradora de las anécdotas: en Torreón un hombre se detiene en el semáforo. Cuando se pone la luz verde ante él, el coche que lo precede está detenido. Va a tocar el claxon y duda. No son tiempos para andar tocando el claxon. La circulación está parada. Transcurre un nuevo espacio de tiempo con el semáforo nuevamente en rojo. Se decide y baja del coche, amablemente les pregunta a los del auto parado si puede ayudarlos en algo. El chofer le enseña una pistola y le ofrece 200 pesos. “Se ve que usted es gente decente, acabo de perder una apuesta con este güey [y señala a su copiloto, que muestra una Uzi muy sonriente] que usted nos tocaba el claxon y yo le pegaba un tiro. Es su día de suerte, amigo.” El coche arranca. El hombre amable se queda ahí, sudando frío.
Paquetes de dólares
Sexta. Conan Doyle en la boca de Sherlock Holmes solía decir que cuando una historia no estaba clara “follow the money”, hay que seguir el dinero, el rastro económico. El narcotráfico, como lo fue el contrabando de alcohol en Estados Unidos durante la era de la prohibición, o el robo de coches en México, es un negocio criminal, sigue reglas de un mercado semivisible, tiene inversiones, está sujeto a la producción y la distribución. Una parte del dinero, millones de millones de dólares, se moverá prosaicamente en paquetes de billetes verdes envueltos en papel periódico y en maletas Samsonite, pero otra parte, quizá la más importante, se convierte en inversiones, casas, automóviles de lujo, oficinas, hoteles, tiendas, restaurantes… En la era de Caro Quintero una colonia en Ciudad Juárez llamada burlonamente Disneylandia estaba repleta de mansiones extravagantes: castillos de La Cenicienta, mansiones californianas, material chafa de Las mil y una noches, pagodas budistas. Todo el mundo en la ciudad sabía que era territorio del narco. El dinero es visible. ¿Y la ruta, las rutas que descienden desde Estados Unidos no lo son? El SAT está muy preocupado por cobrar los impuestos a cualquier gringo que se descuide y ¿no es capaz de detectar los millones que bajan desde el otro lado de la frontera? El gobierno mexicano ha puesto miles de trabas bancarias a los ciudadanos para mover su dinero, pero no ha abierto una macroinvestigación sobre las operaciones bancarias que acompañan este gran dinero de las mafias. En los cientos de decomisos, cateos, detenciones, ¿no han aparecido chequeras, cuentas bancarias, huellas y rastros? ¿Por qué no se habla de esto nunca? ¿Por qué el gobierno mexicano no ha pedido a Estados Unidos operaciones financieras que bloqueen el flujo de dinero al narcotráfico? Sin una investigación financiera sólida y un pacto bilateral con los estadounidenses para el bloqueo del dinero del narco, no se podía ir a la guerra.
Imágenes. Un gerente del Santander informaba hace dos años a su jefe regional que estaba recibiendo dinero no muy claro; como respuesta recibió un money is money.
Séptima. Un convoy del Ejército en La Laguna se dirige a una cárcel de alta seguridad: están transportando a un preso importante. Como no conocen la zona les han puesto una patrulla de la policía local al frente y otra en la cola. Al llegar a un semáforo la patrulla se detiene. Enciende y apaga las luces tres veces y luego se fuga a 150 kilómetros por hora. La patrulla de la cola hace lo mismo en reversa. De los callejones salen hombres armados que disparan contra los militares. Las patrullas no han vuelto a aparecer en la escena pública, tampoco los patrulleros, que se han desvanecido en esta gran nada informativa que es la guerra de Calderón. Entre Monterrey y Tampico una caravana de camionetas de renta que regresaban de un servicio son desviadas por la policía hacia una brecha, un camino rural. Al final del tramo un grupo de zetas armados con ametralladoras los están esperando. Los choferes serán torturados y robados. Hoy sabemos, gracias a las declaraciones de los testigos protegidos, que durante años altos mandos de la policía escoltaron los transportes de droga y protegieron como escoltas a los capos. Pero no sólo la policía, las policías, muchos policías, actúan en colaboración, apoyan, informan, protegen al narco, el Estado lo ha abastecido de cuadros. Uno de cada tres detenidos, se puede leer día a día en los periódicos, es un policía o un ex policía, un militar. Hace años en Tijuana pregunté al director de un diario por qué en días recientes se habían matado a tiros entre ellos una docena de policías en un choque entre bandas rivales. Me respondió que resulta más barato contratar a un poli que entrenar a un sicario. ¿Cómo es posible que el Ejército Mexicano (y el estadounidense) haya entrenado a un cuerpo entero de elite militar que luego se pasa en bloque para constituir la esencia de Los Zetas. Si los mexicanos lo sabíamos, si sabíamos que la delincuencia era policiaca en millares de casos, ¿no lo sabía el Estado mexicano? ¿Es posible ocultar cuando tu salario pasa de 15 mil pesos al mes a 250 mil? ¿Cuántas horas de investigación económica resistiría un agente de la policía antes de descubrir que tiene seis casas en fraccionamientos del estado de México? ¿Hay alguien en México que sepa interpretar la lectura de un polígrafo, el vulgarmente llamado detector de mentiras? ¿O el Estado mexicano no se atreve a usarlo ante el riesgo de que se muestre que la mayoría de sus agentes mienten? ¿La mayoría? ¿10 por ciento? ¿90 por ciento? ¿Hay algún polígrafo funcionando en alguna dependencia policiaca del país? ¿O se ha vendido para comprar refrescos y gansitos marinela en el Oxxo más cercano? Todo nace de unas fuerzas del orden cuya moral está pervertida. Y esta es una vieja historia mexicana, que adquiere su mayor nivel durante el alemanismo. Su clave es la impunidad. Los mexicanos sabemos que históricamente la policía y el Ejército no son una fuerza de orden sino una fuerza criminal semilegalizada, represiva. Sabiéndolo el gobierno Calderón como debería saberlo (no podemos presumir ese grado de estupidez que llegaría a lo inverosímil), ¿cómo se atrevió a lanzar una guerra contra el narco con ese material humano? Una guerra que no sólo no se podía ganar, sino que ni siquiera podía empezarse sin haber limpiado antes las fuerzas del orden. ¿Pero cómo limpiarlas sin debilitar al mismo tiempo la esencia represiva del propio Estado mexicano? Un general retirado me contaba que no tenía duda de que en el Ejército había un centenar de capitanes y mayores honestos, pero que no estaban cerca de la toma de decisiones. No se podía lanzar una guerra contra el narco con este material humano. No hay posibilidad alguna de variar la situación mientras la moral dominante en las fuerzas del orden sea la que hoy es.
Imágenes. Cualquier ciudadano con un celular puede grabarlas, en la carretera de Tampico a Matamoros circulan convoyes de cuatro o cinco camionetas negras, traen pintado en el costado con spray las siglas CG, cártel de Golfo.
Empresas que cobran protección
Octava. Hoy el narco no sólo es una docena de grupos armados que controla una de las más importantes fuentes económicas del país. Son empresas que cobran protección, por ejemplo, a todos los comerciantes de Cancún. Son el control de todos los vendedores ambulantes de Monterrey. Son la justicia en zonas enteras de Michoacán donde La Familia reprime a maridos abusadores y deudores perniciosos (léanse las notas de Arturo Cano en La Jornada). Son los controles en carreteras federales que cobran peajes. Son los que le ofrecieron (y le cumplieron) a un restaurantero en Ciudad Juárez que si pagaba protección, no más inspectores de salubridad ni requerimientos de Hacienda. Son los controladores de la red de tráfico humano y secuestros más grande del planeta. Son los que ofrecen empleo bien pagado a millares de jóvenes de las pandillas de las zonas fronterizas. Son en una parte muy grande nuestro país, el nuevo Estado. Y un Estado que sustituye a otro Estado basado en el abuso, la corrupción. Un mecánico de banqueta en Chihuahua paga al narco 200 pesos a la semana por el uso de la acera, antes le pagaba de mordida 300 a la policía. Tal para cual. ¿Por qué habría de estar en la cárcel un capo si no lo está el que cometió un fraude electoral que robó a la nación su destino, ni lo está el que con su modesto salario de funcionario compró tres castillos en Francia? Mientras el Estado mexicano no pueda garantizar a sus ciudadanos una relación honesta no se puede librar una guerra contra el narco.
Imágenes. Unos niños en una foto en la primera página de La Jornada muestran un cartel que dice: Queridos Reyes Magos, no queremos la guerra de Calderón. Pero no basta con no quererla, hay que detenerla. Y eso significa, antes de otra cosa, resolver, entre otros, los ocho problemas que aquí se enuncian.
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Paco Ignacio Taibo II es un celebrado escritor, historiador y analista político mexicano.
La Jornada, 15 de enero de 2011
Consulta en:

martes, 18 de enero de 2011

Sobre el derecho a las armas en Estados Unidos

Amor a las armas

Mario Melgar Adalid
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Una de las contradicciones del sistema estadunidense es su pasión por el Estado de derecho (The Rule of Law) y su amor por las armas de fuego. La contradicción es sólo aparente. El uso de las armas forma parte de un derecho fundamental. Unas horas antes de que un desquiciado disparara en Tucson contra Gabrielle Giffords, diputada de Arizona, dejando un saldo de 17 entre muertos y heridos, un hombre irrumpía en una casa habitación a unos metros de mi morada, en San Antonio.
Al escuchar el ruido de la puerta de cristal rota, el propietario, hombre de 80 años, gritó qué pretendía el intruso. Éste no tuvo tiempo de responder porque un disparo de su esposa, certero, en la frente, lo dejó sin habla. El intruso cayó instantáneamente muerto. La mujer, de más de 60 años, se convirtió, con su vigilante actitud, en un ejemplo de la comunidad. Ni siquiera tuvo que atender interrogatorios ni acudir a la estación de policía. La comunidad la convirtió en heroína por conocer sus derechos, las leyes texanas y su buena puntería. Comprobó que a los intrusos que violan los límites de la propiedad se les puede disparar y hasta matar.
La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos establece en una sacrosanta Cláusula: el derecho del pueblo a poseer y portar armas, mismo que el gobierno federal no puede infringir. Desde la adopción de la Enmienda se ha dado un debate. Dos grupos están enfrentados: Quienes están a favor de un control más estricto y quienes consideran que la Enmienda tuvo como objeto proteger un derecho individual con raíces históricas y que la libertad de tener y portar armas es irrestricta.
Durante su campaña, Barack Obama se comprometió a reglamentar la venta de armas. No obstante, el tema quedó relegado. Algo contrario a lo esperado, pues los estados han legislado para ampliar los derechos de uso, compra, venta y portación de armas.
El estado de Virginia, por ejemplo, aprobó una ley que autoriza portar armas en lugares donde se expenden bebidas alcohólicas, lo que es una aberración social. Además, se canceló la prohibición de comprar solamente un arma al mes. Eso precisamente en el estado de Virginia, donde ocurrió la masacre de 32 inocentes en el Tecnológico de Virginia. En Arizona, donde balearon a la diputada Giffords, y en Wyoming están considerando leyes que permitan portar armas sin permiso.
En Arizona mismo, el estado legisló para que los profesores puedan portar armas en las universidades donde enseñan. La diputada herida, que por cierto nos conoce bien, pues fue becaria de Fulbright en México, usa una pistola exactamente igual a la que le disparó y el juez federal asesinado había estado practicando tiro, unas horas antes de que practicaran con él como silueta. Los cazadores cazados.
El incidente de Tucson ha traído al debate la seguridad de los funcionarios públicos en Estados Unidos. En ese país se han dado veinte atentados en contra de presidentes, de los cuales cuatro han sido exitosos. Ataques a los integrantes del Congreso o a los jueces federales son más raros. Sólo se han dado cinco en contra de congresistas, incluido el reciente de Gabrielle Giffords, y dos de ellos fueron en un duelo en 1838. Se ha descartado que el ataque en Tucson haya sido un acto terrorista. Más bien, producto de la premeditación y ventaja de un “lobo solitario”, como se conoce a los que preparan atentados individualmente. Si hay un lobo solitario dispuesto a disparar, es muy difícil defenderse. Prueba de ello es el ataque en Fort Hood, en el que en el corazón de la fuerza militar, un lobito pudo matar a decenas de soldados altamente entrenados.
La administración de Obama olvidó sus promesas de campaña. Se había obligado a evitar que comerciantes sin registro en las exposiciones de armamento vendieran armas sin control. También ofreció prohibir la venta de armas de asalto y exigir a los estados rendir informes sobre las armas utilizadas en delitos. No obstante, el año pasado, para no vulnerar su popularidad amenazada, Obama autorizó leyes que permiten portar armas en parques nacionales y en el equipaje de los trenes. De las incontables peticiones de México, encabezadas por la del presidenteCalderón ante el Congreso y las de nuestros diplomáticos para que limiten la venta de armas que tanto nos afecta, Obama hace como que la Virgen le habla. Mientras tanto, en México siguen los muertos con armas que vienen del país donde hay amor… a las armas.
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Publicado en Excélsior
18 de enero de 2011

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Estrategias de manipulación mediática, Noam Chomsky

EL LINGÜISTA NOAM CHOMSKY elaboró la lista de las “10 Estrategias de
Manipulación” a través de los medios
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1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a [la] granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el [de]mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas
radicalmente nuevas ([como el] neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicados de una sola vez.
4. La estrategia de diferir. Otra manera de lograr la aceptación una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza un discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto-circuito en el análisis racional, y finalmente, al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para
implantar o inyectar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.
9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que solamente él es el culpable de su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del
público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológica. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
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INFO 577
16 de noviembre de 2010
informativo@attac.org
http://attac-info.blogspot.com/
LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA. El lingüista Noam
Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios.

martes, 7 de diciembre de 2010

Sobre el caso Wikileaks...

La nueva revolución a la vista

Mario Melgar Adalid
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El debate sobre la filtración de mensajes diplomáticos de los enviados de Estados Unidos ha generado un debate, no tanto sobre el contenido de los informes, sino sobre la pertinencia jurídica de dar a conocer mensajes confidenciales.
La Suprema Corte de ese país, la que fija lo que la Constitución dice, ha señalado que ciudadanos y prensa tienen un privilegio incondicional y absoluto para criticar a los funcionarios públicos, independientemente del daño que puedan causar por su exceso o abuso.
WikiLeaks ha mostrado brutalmente el cambio en materia informática. Los gobiernos temen verse sorprendidos de enfrentar a ciudadanos armados con un celular que organicen una rebelión que pudiera derrocarlos. Erich Schmidt, presidente de Google, y Jared Cohen, director de Ideas Google, publicaron un artículo en Foreign Affairs con el que plantean cómo la conectividad está generando la emisión no sólo de las nuevas ideas, sino la difuminación del poder. La verdadera descentralización política la empiezan a ejercer los grupos ciudadanos, las organizaciones no lucrativas, el sector privado y los individuos. Los gobiernos y los partidos políticos se quedaron atrás.
Cincuenta por ciento de la población mundial tiene acceso a una combinación de teléfonos celulares (cinco mil millones de usuarios) e internet (dos mil millones). Dicen los jerarcas de Google que así como se habló de la prensa como el cuarto poder, surgió ahora el poder de la interconexión: el poder de cualquier persona, independientemente de su edad, ubicación, condiciones sociales, económicas o ideológicas, con voz y posibilidad de hacer cambios.
Se prevé que los países más avanzados, Estados Unidos, los que integran la Unión Europea y los superpoderes asiáticos liderados por China, establecerán controles del poder de la interconexión dentro de sus propias fronteras a fin de preservar y reforzar sus propios valores políticos, sociales, religiosos y económicos. No obstante, no todos tendrán esa capacidad tecnológica y jurídica para evitar el mal uso de la conectividad. Imaginemos lo que podría hacer el crimen organizado con millones de destinatarios de sus proclamas.
Las filtraciones cibernéticas respecto a México no filtraron nada que los mexicanos no supiéramos. De hecho, lo que ha aparecido es mucho menos de lo que se dice cotidianamente en cualquier tertulia, café, sobremesa, noticiario, columna política o en el ir y venir de los mensajes forwardeados. Mucho más relevante ha sido el golpe que han dado los cárteles mexicanos de la drogas, al difundir por internet los videos del descabezamiento de quienes cooperan con las fuerzas del orden. La guerra de comunicación también parece que la va ganando el narco. Nadie puede evitarlo. El Estado parece no existir.
La reflexión sobre el efecto que tuvo la prensa de Gutenberg es ilustrativo de la revolución informática. La diferencia es que la imprenta prometía ser una fuente de información generalizada y no lo logró. Los dueños de las prensas decidían qué y cuándo publicar y a quién distribuir. Los gobiernos represivos y otras instituciones que ejercen control tuvieron a la prensa como un instrumento para su propia propaganda o bien para reprimir la difusión de las ideas, particularmente las enderezadas en contra del gobierno o de la Iglesia católica.
La radio y la televisión han sido vehículos de propaganda de la ideas. Estos medios también han sufrido una notable modificación al alternarse o integrarse con las formas electrónicas. Los canales independientes han jugado un papel relevante en generar información por radio y televisión más abierta y democrática, pero es internet la responsable de la revolución.
El trabajo de los espías de la embajada de Estados Unidos resulta muy rutinario y las revelaciones, al menos de lo que sucede en México, son la reiteración de lo que dice la voz popular. Nada nuevo.
El gran tema es cómo prepararnos para la revolución informática ya en marcha.
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Publicado en Excélsior, 07 de diciembre de 2010

martes, 30 de noviembre de 2010

Sobre la pena de muerte


¿Pena de muerte o muertos de pena?
Mario Melgar Adalid
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Japón y Estados Unidos son los únicos países industrializados con pena de muerte. En México se pensó en ella (Partido Verde) efímeramente. Después de 35 mil muertos en la guerra de Calderón, nadie piensa ya en su implantación. No por apego a ideas humanitarias, simplemente por depresión colectiva. No es la pena de muerte lo que preocupa al gobierno, sino que ante tanto problema sin resolver están muertos de pena.
En Estados Unidos, en 1968, los Jueces Asociados (ministros) de la Suprema Corte cancelaron la pena de muerte en la causa Maxwell vs. Bishop. Maxwell, un negro de Arkansas, recibió una sentencia de muerte debido a la violación a una mujer blanca, delito que no implicó la muerte de la ofendida. La defensa se basó en estadísticas para demostrar que se daba un patrón de discriminación racial. Las estadísticas indicaban que 89% de los acusados ejecutados por violación eran negros. Además, las probabilidades de que un negro que hubiera violado a una mujer blanca recibiera una sentencia capital eran de 50%, mientras que la tasa de sentencias capitales para violaciones interraciales era de 14 por ciento.
La Suprema Corte no tomó en consideración los datos estadísticos. Resolvió que las leyes penales estatales sobre pena de muerte requieren, una vez que se ha resuelto la culpabilidad, una audiencia de sentencia por separado de las actuaciones para determinar o no la culpabilidad. Lo anterior permitiría al acusado a rendir su testimonio y presentar las condiciones o hechos atenuantes, sin que se le forzara a tomar su testimonio durante otras etapas procesales.
En 1972, la Suprema Corte tomó la decisión de considerar la pena de muerte inconstitucional. El argumento se basó en la Octava Enmienda que prohíbe las penas exorbitantes y la crueldad en los castigos.
La decisión se tomó por la mínima diferencia. Quienes estuvieron con la mayoría escribieron su propio voto particular. Algunos de los jueces resolvieron que la pena de muerte, en cualquiera de sus modalidades, resultaba inconstitucional. Otros que también formaron parte de la mayoría, no resolvieron de manera absoluta, sino referida al caso concreto. Esto dio pauta para que las legislaciones de los estados encontraran caminos para revivir la pena capital. Carolina del Norte legisló a fin de que los asesinos en primer grado y los violadores con agravantes obtuvieran como castigo la pena de muerte. Otras entidades llevaron a cabo un doble procedimiento o un procedimiento en dos partes: la primera consistiría en determinar la culpabilidad. Una vez que se demostrara la culpabilidad, se llevaría adelante otro proceso judicial, el de la imposición o no de la pena de muerte, que resolvería un jurado o un juez.
Cuatro años después de haberla diferido, la Corte validó que la pena de muerte regresara a Estados Unidos. En esa decisión participó John Paul Stevens, recientemente retirado a los 90 años. No obstante, dos años antes de retirarse en 2008, votó en contra de la pena de muerte. Este voto había sido un misterio, pues 32 años antes expresó que la pena de muerte estaba acorde a la Constitución.
El misterio de su arrepentimiento quedará resuelto en la reseña de un libro de la autoría del profesor David Garland de la Universidad de Nueva York: Una institución peculiar: la pena de muerte de Estados Unidos en la era de la abolición. El editor de The New York Review of Books dice que se le ocurrió escribirle al juez Stevens enviándole el libro para que lo comentara, Stevens simplemente dijo que sí. Su reseña marcará una pauta en la historia judicial de la pena de muerte, pues contiene pasajes de los casos que le correspondió resolver. Stevens llegó a la conclusión de que el problema no es la pena de muerte sino la manera en cómo se administra.
Su trabajo contribuirá a entender mejor las decisiones judiciales. Algo que sería útil en México. Conocer de manera personal e íntima las razones por las que algunas resoluciones de nuestra Suprema Corte, incomprendidas e incomprensibles, marcaron una huella en la historia judicial de México. Se me ocurre la exoneración del góber precioso, que irá a su descanso dorado a pesar de lo que hizo.
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Publicado en Excélsior, 30 de noviembre de 2010


jueves, 25 de noviembre de 2010

Alejo Garza Tamez

Don Alejo Garza Tamez: Defendio su rancho del narco hasta la muerte

El hampa exigió el 13 noviembre pasado a don Alejo Garza Tamez entregar su propiedad. El hombre de 77 años se negó y atrincheró en su finca; mató a 4 atacantes e hirió a 2.
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22-Noviembre-2010

Monterrey, NL.
Cuando elementos de la Marina-Armada de México llegaron al rancho San José, en las inmediaciones de la presa Padilla, a 15 kilómetros de Ciudad Victoria, Tamaulipas, vieron un escenario desolador: la austera casona principal estaba semidestrozada por impactos de bala y explosiones de granadas.
En la parte exterior de la finca había cuatro cuerpos. Cautelosos, con las armas listas, exploraron los alrededores y encontraron dos sujetos más heridos e inconscientes.
En el interior de la casa había un solo cuerpo, el de Don Alejo, dueño de la finca y empresario maderero, con dos armas a su lado y prácticamente cosido a tiros.
La inspección del rancho reveló que en todas las puertas y ventanas había armas y casquillos. Eso les permitió imaginar cómo se dio la batalla horas antes.
Los efectivos de la Marina buscaron más cuerpos en el interior de la vivienda, pero no hallaron más. Les parecía difícil creer que una sola persona hubiera causado tantas bajas a las atacantes con fusiles y pistolas de caza deportiva.
Decenas de cartuchos percutidos y el olor a pólvora evidenciaban la fiereza de quien peleó hasta el final en defensa de su propiedad.
Al final entendieron que aquel hombre había diseñado su propia estrategia de defensa para pelear solo, colocando armas en todas las puertas y ventanas.
La historia comenzó a escribirse la mañana del sábado 13 de noviembre, cuando un grupo de hombres armados y amenazantes fue a darle un ultimátum a don Alejo Garza Tamez, dueño del rancho: tenía 24 horas para entregarles el predio o se atendría a las consecuencias.
Con la diplomacia de sus casi ocho décadas de vida, don Alejo les dijo que no les entregaría su propiedad. Y ahí estaría esperándolos, les dijo con llaneza.
Después del incidente, reunió a sus trabajadores y con tono grave y enérgico les pidió que al día siguiente no se presentaran a trabajar, que lo dejaran solo.
Durante ese sábado se dedicó a hacer un recuento de sus armas y municiones y a preparar la estrategia de defensa de su casa como si fuera un cuartel militar.
Dispuso armas en los flancos más débiles: las puertas y las ventanas del rancho. La noche del sábado 13 fue larga y sin sueño, como en sus mejores épocas de caza, pero amaneció temprano. Poco después de las 4 de la mañana los motores de varias camionetas se oyeron lejos.
Los marinos que exploraron el rancho pudieron imaginar cómo fue aquella madrugada, con gatilleros armados, seguros de la impunidad, seguros de que pronto tendrían en su haber otra propiedad. Nadie, o casi nadie, se resiste a un contingente de pistoleros que portan armas largas. Sólo Don Alejo.
Las camionetas entraron al rancho y se apostaron frente a la finca. Sus ocupantes descendieron, lanzaron una ráfaga al aire y gritaron que venían a tomar posesión del rancho. Esperaban que la gente saliera aterrorizada y con las manos en alto.
Pero las cosas no salieron como esperaban. Don Alejo los recibió a balazos y pronto un ejército entero disparaba contra la vivienda principal de la finca. El ranchero parecía multiplicarse y los minutos debieron parecerles eternos a quienes habían visto en él una presa fácil. Cayeron varios forajidos y los demás, enojados y frustrados, arreciaron el ataque. De las armas largas, los sicarios pasaron a las granadas.
Cuando al fin llegó el silencio, el aire olía a pólvora. Los agujeros en los muros y ventanas de la estructura indicaban la violencia del ataque. Cuando entraron en busca de lo que suponían era un amplio contingente, les sorprendió hallar a uno solo. Don Alejo.
Los sicarios sobrevivientes hicieron un rápido reconocimiento del terreno y optaron por abandonar la plaza. No se apoderaron del rancho, porque pensaron que pronto llegarían los militares y prefirieron huir. Dejaron lo que creyeron eran seis cadáveres, pero dos pistoleros estaban heridos.
Poco después llegaron los infantes de Marina y, poco a poco, pacientemente, reconstruyeron los hechos. Un ranchero, un hombre que amaba su propiedad más que nada en el mundo la defendió literalmente hasta la muerte.
En la última cacería de su vida, don Alejo sorprendió al grupo de sicarios que quiso imponer en su rancho la ley de la selva, la misma que ni el poder del Estado ha podido controlar.
Los marinos presentes no olvidarán nunca el cuadro: un anciano de 77 años se llevó por delante a cuatro sicarios antes de morir peleando como el mejor soldado: con dignidad, honor y valentía.
Descanse en paz don Alejo Garza Tamez.
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Tomado de:
http://www.vanguardia.com.mx/defiendesuranchodelnarcohastalamuerte-595068.html

Tiranosaurio Mex... La Suprema Corte y el dinero..


Tiranosaurio mex
Denise Dresser
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MÉXICO, D.F., 22 de noviembre.
¿En qué se parece la Suprema Corte a uno de los dinosaurios más grandes del mundo? ¿Por qué compararlos, si la Corte tiene su sede en la calle de Pino Suárez y el tiranosaurio habitó la parte occidental de Estados Unidos hace 65 millones de años? ¿Hay alguna afinidad entre una institución que imparte justicia y un reptil del Periodo Cretácico? Las similitudes no son obvias hasta que uno lee el documento elaborado por dos investigadores del CIDE –Carlos Elizondo y Ana Laura Magaloni– y titulado: ¿Por qué nos cuesta tanto dinero la Suprema Corte?”. Y allí en blanco y negro se percibe el parecido: la Corte, como el tiranosaurio, es un enorme depredador. Un carnívoro hambriento. Un espécimen que devora recursos de la ciudadanía como los dinosaurios devoraban las aves de su era.
El argumento detrás de esa enormidad es el deseo de asegurar la independencia y la autonomía del máximo tribunal. Antes de la reforma emprendida por Ernesto Zedillo en 1994, la Suprema Corte era una entidad sumisa, doblegada, guardián de los deseos del Poder Ejecutivo. No tenía el tamaño o el peso suficientes para ser considerada uno de los depredadores más feroces; ni a hadrosaurio llegaba. Pero a partir del parteaguas que el presidente impulsó, la Corte comenzó a cambiar en aras de convertirse en un árbitro jurídico creíble y aceptable. Esa tarea incluyó una serie de políticas diseñadas para asegurar su independencia: que los ministros duraran 15 años en el cargo, que sus sueldos no pudieran ser reducidos, que cuando se retiraran tendrían derecho a una pensión vitalicia, que la institución podía elaborar su propio presupuesto para que se incluyera –sin cambios– en el Presupuesto de Egresos, y que el presidente de la Corte tenía la facultad de administrar esos recursos como quisiera.
Y allí está el resultado casi 20 años después: una Corte independiente pero cara, autónoma pero rapaz. La independencia no ha asegurado el buen uso de los recursos. Más bien ha transformado a la Corte en un carnívoro constante que se alimenta a sí misma de forma ineficiente, irracional e ineficaz. En lugar de evolucionar y transformarse en pájaro, la Suprema Corte tan sólo prosiguió con las mismas prácticas del Pleistoceno priista. Y así, mordida tras mordida del presupuesto público, ha llegado a ser la Corte más cara del mundo, sin ser la más productiva o la más generadora de confianza ciudadana. Así como hay 30 especímenes de tiranosuarios rex, en México la Corte despliega un gran número de prácticas asociadas con su conversión en tiranosaurio mex.
Desde el 2003, el presupuesto asignado a la Suprema Corte ha aumentado. En 2009, la Corte gastó entre 40 y 90% más que los Poderes Judiciales en los estados. Hoy la SCJN gasta mucho más que otros tribunales prestigiados en el mundo. La Suprema Corte de Estados Unidos aplica el 37% de lo que ejerce la mexicana. La de Canadá gasta el 15.2% de lo que eroga la nuestra. El Tribunal Constitucional de España usa sólo el 14.4% de los recursos que se embolsa anualmente el de México. Y a pesar de que la SCJN gasta tanto, no es la más productiva. El tribunal constitucional de Perú resuelve 37% más asuntos que nuestra Corte, pero con un presupuesto equivalente a 3% del ejercido por nuestro máximo tribunal.
Y llegamos hasta aquí con una Suprema Corte cara y comparativamente improductiva porque ha seguido las prácticas del viejo régimen, las reglas del juego de la era priista que convirtieron la función pública en una fórmula para la distribución del botín. Para la contratación de familiares. Para la creación de empleos. Para el otorgamiento de favores. Para la institucionalización del patronazgo. Por ello nuestra Corte, con sus 3 mil 116 funcionarios, tiene casi siete veces más personal que la Suprema Corte estadunidense y 45 veces más que el Tribunal Constitucional de Chile. Peor aún: de esas 3 mil 116 plazas, el 75% son para funciones de carácter administrativo y sólo el 25% sirven en funciones sustantivas o jurisdiccionales. La Corte mexicana dispone de 108 secretarios de estudio y cuenta. Pues resulta que el Tribunal Constitucional Español tiene sólo 54 plazas similares, pero con la mitad del número que emplea la nuestra resolvió más casos en el 2009. Nuestro tribunal supremo es tan grande, pesado y aletargado como los fósiles de sus contrapartes dinosáuricas.
¿Y en qué gastan tanto? Pues cada uno de los ministros gana 347 mil pesos netos al mes, más que el presidente de la República, quien percibe 152 mil pesos netos. Gastan más en los sueldos que se otorgan que los ministros en Canadá, Estados Unidos, Alemania, España, Colombia y Perú. Gastan en pensiones vitalicias que van de 150 mil a 225 mil pesos mensuales. Gastan en seguros de gastos médicos mayores, por los cuales el máximo tribunal eroga de 10 mil a 100 mil pesos anuales por cada ministro, incluyendo a los ya retirados. Gastan una suma diaria de 33 mil 766 pesos presupuestada para alimentos por ministro. Gastan en viáticos para viajes nacionales e internacionales la cantidad de 19 millones 148 mil 457 pesos, que diariamente serían 54 mil 115 pesos por persona. Gastan porque pueden hacerlo.
Los ministros, lamentablemente, habitan ese país paralelo distinto al de la mayor parte de los ciudadanos. En esa otra realidad pueden ser los reyes mejor alimentados, los sultanes más apapachados, los dinosaurios más engordados. Desde su posición privilegiada no tienen que predicar con el ejemplo, dejar de autoasignarse prestaciones excesivas o injustificables, valorar la ética pública o afianzar la confianza ciudadana. Ante los escandalosos datos revelados por el CIDE han respondido con el silencio o la ofuscación. Quizás creen en el viejo dicho que se usa para justificar los sueldos altos: “si pagas cacahuates, obtendrás monos”. El problema no es que hayamos creado monos, pero sí hemos concebido un dinosaurio insaciable. Tenemos una Corte muy cara, mal administrada, con una burocracia demasiado amplia y con sueldos y prestaciones excesivas para los altos cargos. Un tiranosaurio mex que se nutre del erario y de los impuestos pagados por millones de ciudadanos.